10 enero, 2004

Tráfico de órganos, oscura realidad

Adital - España - A medida que la medicina ha ido desarrollando las operaciones de transplantes de órganos, ha evolucionado de forma paralela un negocio fraudulento: el tráfico de órganos, que ocupa uno de los lugares más destacados dentro de las leyendas urbanas de la sociedad.

El último indicio de que este rumor es una realidad, tuvo lugar a principios del mes de diciembre en Brasil. La Policía Federal Brasileña capturó a once personas que conformaban una red de contrabandistas que vendían órganos en Sudáfrica a un precio de 10.000 dólares. Brasil es uno de los principales escenarios donde se efectúa esta práctica. Se ha verificado que el número de niños brasileños que salen del país en adopciones internacionales no encaja con el que se registra en el extranjero. Parece ser que hay niños que 'se pierden' y no aparecen.

Los países donantes de órganos ilegales son principalmente los países pobres. Son muchos los lugares de América Latina que registran casos de desaparición de personas y posterior aparición con órganos extraídos. Argentina, Honduras y Perú son ejemplos de ello, como asegura la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, que también se incluye en la lista de países afectados.

Determinadas mafias de Europa del Este también han encontrado en este negocio un modo de sustento. En octubre de 2003, dos médicos checoslovacos fueron condenados a seis y ocho meses de prisión por robar órganos a cadáveres para proceder a su posterior venta. Países asiáticos como Filipinas, Tailandia o India también recogen múltiples denuncias.

Muchos gobiernos y organizaciones nacionales de transplantes niegan estas prácticas y las tachan de rumores sin fundamento. Sus argumentos se basan en el corto tiempo en el que un órgano puede permanecer fuera de un cuerpo humano: máximo seis horas. Pero no son conscientes de que en realidad no se traslada el órgano, sino a la persona portadora del órgano donante o a la persona que lo va a recibir.

También se basan en que la mayoría de los casos de personas que desaparecen son niños, y sus órganos sólo son válidos para otros niños, no para personas adultas. Esto es cierto, pero también lo es que la desaparición de un niño puede ser más llamativa porque hay unos padres que le echan en falta, no así como a una persona adulta que puede no tener familia, vivir en la calle y a la que nadie reclamará. En Turquía, en diciembre de 2000, el Ministerio del Interior distribuyó una nota circular en todas las comisarías informando de que esta práctica era real y que había que prestar especial atención a los barrios más pobres.

El tráfico de órganos también se mercantiliza en Internet. El servidor chino Netease vende pulmones, riñones y córneas. El origen, desconocido. Pero la pena de muerte instaurada en el país podría dar explicación al destino de parte de estos órganos. Hace pocos años un funcionario de prisiones de la provincia china de Liaoning denunció que hospitales, policías y tribunales se ponían de acuerdo para que coincidieran las ejecuciones con las operaciones previstas.

La razón de que los gobiernos nieguen esta práctica se encuentra en que no se quieren generar polémicas por noticias negativas sobre los transplantes. Temen que si salen referencias de este tipo o se producen detenciones las donaciones altruistas de órganos disminuyan. Deberían pensar, en cambio, que las donaciones se pueden impulsar con acciones para sensibilizar a la sociedad.

El tráfico de órganos es una de las actividades más ruines que existen. Lasas mafias que operan en este campo efectúan todo tipo de acciones: secuestros, asesinatos, robos de cadáveres... todo vale para enriquecerse. Además, se sigue fomentando la desigualdad ya que, la salud, derecho universal de todas las personas, sólo se encuentra en manos de aquellos que pueden permitirse el lujo de pagar lo que sea por comprar el órgano que necesitan.

(Christian Sellés*)

* Periodista – AIS - chselpe@yahoo.es